sábado, 18 de diciembre de 2010

APRENDER A NO CALLAR


No es que debamos “hablar por hablar”, pero sí saber hablar y no callarnos cuando debamos hacerlo.
Paradójicamente pasamos más de la mitad del tiempo hablando de banalidades, cosa que no está mal en pequeñas dosis, pero el problema llega cuando por pronunciar dichas palabras irrisorias, nos olvidamos de pronunciar aquellas bellas palabras que debemos exteriorizar, compartir con los demás y con nuestro espíritu…
Por no saber hablar a su debido tiempo, nos quedamos con elogios que no nos pertenecen, con sonrisas que escondimos, con “te amos” que titubeamos al pronunciar… Hemos construido un arte “coraza” en el que a veces, resulta más válido moverse por los linderos del orgullo y no por los de los sentimientos, nos detenemos a pensar en la “conveniencia de expresar lo que sentimos, pensamos que si decidimos algo, tal o cual persona pensará esto otro, y ¿qué tal que se me forme una situación indeseada? Nos volvemos ingratas con nuestro corazón y queremos controlar sus latidos.
Siempre es mejor un “¿por qué lo hice?” que un “¿por qué no lo hice?”. De la misma forma, es mejor un “¿por qué lo dije?” que un “¿por qué no lo dije?”. Al menos, cuando lo que queremos es expresar sentimientos que nacen desde el alma, cuando queremos sacar a flote lo bonito que sentimos por los demás, en caso contrario, es mejor “morderse la lengua” antes que hablar sin pensar y lastimar a alguien.
Aprender a no callar, hace que separemos una cita con la pertinencia palabra-sentimiento-otredad; aprender a no callar es el arte de saber tejer las palabras con base a nuestros sentimientos sinceros, para que de esta forma, sean escuchadas por otro ser que, quizá necesite de nuestra voz; aprender a no callar es una cita con nuestro corazón y el de las personas que nos rodean. Si queremos felicitar a alguien, expresarle nuestro sentir, darle apoyo, o simplemente hablar con él o ella, ¡hagámoslo! No busquemos excusas infructuosas.
Recuerda que la vida puede dar segundas oportunidades pero el tiempo no. Habla ahora, o inevitablemente callarás para siempre.
Lluvia.

viernes, 17 de diciembre de 2010

NADA ES PARA SIEMPRE...




Hemos crecido siendo educadas en la cultura del apego, en la visión de que todo es permanente, y desde ahí aprendimos a aferrarnos a cosas, personas, vínculos, recuerdos y creencias.
Pero a veces no es tan bueno estar aferradas y apegadas a las cosas y personas, también puede convenirnos aprender a ser más desapegadas… pues nada es para siempre.

Muchas veces cuestionamos la veracidad o autenticidad de nuestras relaciones con el mundo, pero la creencia del control, hizo mil veces que nuestros intentos de liberación fuesen vanos.
Cuando amamos a alguien, queremos que sea para siempre; “un siempre” que incluya el resto de los días que nos queden por vivir, a sabiendas, que el destino puede irrumpir a la vuelta de la esquina con una plan distinto para nosotros. Por el apego, lo conquistado se vuelve dueño de nosotras mismas.
Siempre tenemos cierto miedo a la pérdida de aquello que supimos conseguir, construir y amar. Comenzamos a custodiar más de cerca lo que no queremos perder, trabajamos más horas para no perder el trabajo, aceptamos tratos injustos para no perder la aprobación, decimos “sí” en lugar de “no” para no perder el amor, renunciamos a nuestros sueños para no perder a quienes amamos, nos enfermamos para no perder una relación, nos convertimos en mártires para no perder la atención de la familia, hacemos regalos para no perder el status, compramos cremas, geles, pastillas para no perder la juventud.
Y siempre buscando la eterna felicidad, la eterna juventud, el eterno amor, nos embarcamos en las aguas de la infelicidad. ¿Por qué? Porque nada es eterno. Todas navegamos en el mar de la impermanencia, en las tierras de la incertidumbre. La vida es transformación; y es el cambio lo que nos proporciona vida.
Por ignorancia sufrimos, y nos cegamos de pena, porque es inútil (no tiene utilidad) aferrarse a algo, y construimos la cárcel mental en la que estamos alojados.
Por nuestras creencias de arraigamiento, creemos que siempre habrá un mañana; y dejamos lo importante para después. Si lográsemos concentrarnos en que tan sólo tenemos el presente, el desprendimiento de toda la carga emocional que llevamos nos conduciría a la libertad, verdadero refugio interior.
El desapego no implica vivir con indiferencia o no amar, simplemente habla de que todo está en constantes cambios, por lo cual nos invita a aceptar que nada es para siempre.
Soltar es una de las grandes lecciones que debemos apresurarnos a internalizar. Abrir la mano y soltar cosas materiales, emociones, recuerdos, personas, todo aquello que nos ancla a un pasado que no volverá a repetirse.
Muchas veces decimos: “me quité un peso de encima” y en verdad nos hemos quitado esa sobre carga que nos impedía movernos con facilidad.
Nos liberamos y nos abrimos a lo nuevo, inauguramos una nueva fase en nuestra vida, cerramos círculos y logramos transformaciones inesperadas, porque logramos despojarnos de lo que no nos sirve.
Todo lo que acumulamos arrebata energía, todo de lo que no podemos independizarnos nos doblega.
Una forma muy habitual de atarnos a los hechos es la queja. La queja nos detiene, nos deja sin espacio de acción, y nos domina. Nos paraliza. Nos distrae. Cuando me paro en la queja, en lo que debería ser – según mi observador- aplico resistencia, y por lo tanto no dejo fluir la vida. Y si la vida no fluye, ¿te imaginas? Es como el agua estancada, al tiempo se pudre.
Si quieres dar brillo a tu corazón, empieza a confrontarte con que todo está en constantes cambios, y observa la vida como una totalidad: vida y muerte, las caras de una misma moneda.
Si recuerdas que nada es para siempre, pondrás más perseverancia y pasión en lo que haces, vivirás el día como el último día de tu existencia y estarás enormemente agradecida por estar viva.
Chuchi González

jueves, 16 de diciembre de 2010

10 COSAS QUE ATRAEN A LOS HOMBRES DE UNA MUJER

1. Humor
Prácticamente no hay hombre al que no le resulte atractivo el sentido de humor en una mujer. Después de lo físico suele ser una de las primeras cosas que notan y valoran. Está muy bien que seamos mujeres serias y profesionales, pero necesitamos tener un poco de sentido de humor. Saber reírnos y tomarnos las cosas con alegría nos queda muy bien y hace más atractivas para los hombres. La vida es bella, disfrútala, se feliz y permítete reflejar esa alegría en público.
2. Inteligencia
Una mujer inteligente es una mujer atractiva, al menos para muchos hombres, pues no todos los hombres se sienten atraídos por la “tontita del turno”. Una mujer con la que sólo pueden hablar acerca de lo bien que les queda su último peinado o de la última película de Crepúsculo (por poner unos ejemplos) deja mucho que desear. Las tontas sólo tienen la atracción sexual itinerante, pues suponen que las tontitas son, con perdón, fáciles de usar y tirar. En cambio, resulta atractivo para los hombres poder entablar conversaciones inteligentes y desafiantes con una mujer. Es algo que encontrarán atractivo a la hora de considerarte como mujer con la que pudieran entablar relaciones serias. Así que, aunque hacernos las huecas apela a su instinto de atracción “porque pueden conseguirnos fácilmente”, mucho más atractivo es demostrarles que no somos tan huecas, que somos mujeres inteligentes con las que se puede hablar.
3. Flexibilidad
Puede que algún hombre se sienta atraído por una mujer que tiene suficiente flexibilidad como para hacer volteretas en el aire, pero más atractivo es que sea una mujer flexible a las ideas, comentarios y sugerencias de los demás, sin necesidad de ser tan cabezonas, tozudas y obstinadas como en ocasiones podemos llegar a ser. Debemos ser mujeres seguras en nosotras mismas, pero con capacidad para saber retroceder y en ocasiones incluso sacrificar algo por el bien común. Los hombres encuentran mucha más placentera y con posibilidad de ser estable la relación con una mujer que es capaz de ser flexible por el bien común de vez en cuando. Es bueno aferrarnos a nuestros principios y a las cosas que nos son importantes, pero sepamos soltar de vez en cuando, después de todo, es algo que también valoramos en ellos.
4. Generosidad
Muy relacionado con la capacidad de dar de si de vez en cuando, también está la generosidad, que curiosamente según un reciente estudio del 2010 publicado en el “British Journal of Psychology”, los hombres sorprendentemente calificaron a la generosidad y el altruismo como las características más atractivas en la mujer. Pero no debiera extrañar, porque una mujer generosa y altruista es claramente capaz de mirar más allá de ella misma y ver las necesidades de los demás, y si es así.. ¿a qué hombre no le resultaría atractivo una mujer así?
5. Buena autoestima
Los hombres se sienten atraídos por las mujeres a las que se les nota que se sienten a gusto consigo mismas.
Por lo general,  los hombres prefieren a mujeres que no se sienten como basura, que se comportan como si pensaran que lo son, y no tienen confianza en si mismas. Eso sí, la buena autoestima no significa ser unas creídas pues eso no gustará, rara vez sentirán una atracción estable por una mujer que se cree lo mejor que le pudo pasar jamás a la vida del hombre con el que está. Confía en ti misma, eres mujer y por lo tanto tienes todo lo necesario para resultar atractiva a un hombre, no eres cualquier cosa, tú vales mucho.
6. Dinamismo
El dinamismo, impulsividad, energía, empuje y pasión en una mujer es algo realmente atractivo para la mayoría de los hombres. Por lo general suele ser un buen indicador de la buena autoestima, y es que resulta atractiva la mujer dinámica e impulsiva, la que tiene energía para nuevos y grandes retos. Si has puesto tus ojos en algo lucha por ello, lucha por lograrlo, eso no sólo te ayuda a ti como persona sino que también te hace más atractiva todavía.
7. Autenticidad
Pueden haber excepciones, pero lo más seguro es que si pareces una mujer falsa y poco íntegra resultarás poco atractiva para los hombres, al menos a los hombres íntegros y que más merecen la pena. Si por ejemplo no te gusta ir a bailar los sábados noche, no vayas; si no te gusta un equipo de fútbol, no digas que te gusta; si no te cae bien una amiga no digas que te gusta. Se tu misma, no intentes ser otra, no intentes ser como piensas que gustarías, confía en ti, actúa con integridad, honestidad y autenticidad. Eso es bueno para el alma y además te hace más valiosa a los ojos de los demás.
8. Espontaneidad
Muchos hombres se acaban agobiando cuando todo parece estar planeado, cuando nada se puede salir de los planes… De vez en cuando permítete un poco de espontaneidad, relájate y suéltalo todo, se espontánea y dale una buena sorpresa. Las cosas que se hacen de forma espontánea tienen una enorme capacidad de resultar doblemente románticas, así que no dudes en soltarte la melena de vez en cuando.
9. Instinto maternal
El instinto maternal no es necesariamente sólo el de procrear y la crianza de hijos, hay cualidades dentro de este instinto que cualquier mujer puede tener más allá de que algún día pueda, quiera o no tener hijos. Es especialmente atractivo y valorado el instinto de la mujer por cuidar, consolar, mimar, ayudar y apoyar. A los hombres les gusta que se les de cuidado, como por ejemplo cuando llegando del trabajo le notas que viene con un pequeño resfriado y le permites tirarse al sofá, le pones una mantita encima, le das unos besitos y le dices que descanse mientras le preparas una sopita caliente. En momentos así eres muy bien valorada por él y muy posiblemente te lo haga saber.
10. Ternura
La ternura en la mujer es una cualidad prácticamente indispensable en los ojos de prácticamente cualquier hombre. Esto no quiere decir que tengas que estar blandita y tierna en todo momento, pero sí que al menos en la intimidad puedas limar asperezas y mostrarte tierna con él. La ternura es una cualidad especialmente femenina, y eso les gusta mucho a los hombres, les gusta ver que eres sensible, que tienes corazón, sentimientos y más todavía si es para con ellos.
Estas 10 cualidades de la personalidad están al alcance de cualquier mujer, y lo mejor es que no sólo nos hacen más atractivas sino que también son cosas que nos hacen más valiosas como mujer. Son cosas que también nos sirven a nosotras mismas, para el bien de nuestro alma, nuestra mente y nuestro corazón.
Shoshan


miércoles, 15 de diciembre de 2010

INFIELES EN EL CAMINO


¿Quién era, Amor? -dijo él con tono de preocupación.
Mi marido… -murmuró ella poniéndose su ropa interior.
¿Y qué te dijo? -preguntó el amante exaltado.
Dijo que hoy no viene a cenar a la casa, porque estaba cenando contigo…
¿Qué nos lleva a los seres humanos a romper nuestros acuerdos de amor? ¿Para qué uno se compromete con una pareja y luego “busca afuera”? ¿Por qué nos permitimos ir tras la aventura?
Algunos dirán que “la rutina” mató la ilusión y la adrenalina de una relación clandestina los motiva a seguir día con día, otros “que la convivencia se ha tornado una costumbre de aire tan pesado” que es necesario salir afuera a refrescarse un poco; los hay quienes se dan el permiso de “enamorarse de otra persona”, los que lo hacen “por venganza” o “para llamar la atención”, los que sólo buscan “relaciones sexuales sin ataduras emocionales”, o una forma de comunicación incómoda para expresar que “la pareja ya se terminó”.
Muchos hombres y mujeres que se lanzan a la infidelidad, recurren a los brazos extraños para sentirse amados, deseados, importantes y para “sentirse rescatados” de la presión cotidiana que ejerce sobre ellos el matrimonio, la familia o la relación.
Lo cierto es que en busca de nuevos horizontes, y finales felices, momentos eternos de pasión, lujuria, arrumacos y besos; espacios en dónde la “felicidad eterna” sea una posibilidad, tan real como la infelicidad misma; perdemos el rumbo y siempre nos volvemos a encontrar “volviendo a empezar una y otra vez”.
Lo nuevo, lo cotidiano, es sublime, majestuoso. Lo miramos, admiramos y suspiramos. Casi tememos que al tocarlo, o rozarlo se puede quebrar y romper. Pero la experiencia nos cuenta al oído la historia que todos conocemos. Aquello conquistado, con el tiempo se devalúa, se desgasta y pierde “el sentido primario”.
Ese hombre casado que mira a la desconocida y entreteje en su mente la idea de que con ella “sería más feliz que con su esposa” es un simple hombre auto-engañándose.  Su esposa tiene las mismas cualidades que la “otra”, sólo que la cotidiana existencia le ha borrado la memoria. Pero si mira con los ojos del alma, reencontrará que las mismas cosas que lo enamoraron de ella, siguen vivas.
Las parejas generalmente cuando cruzan el puente del noviazgo para casarse o vivir juntas, creen que llegaron a la meta. Y que a partir de ahí no hay nada que hacer. Sin embargo, es el punto de partida y no de llegada. El amor debe alimentarse todos los días. Y la reciprocidad es un nutriente fundamental.
También tenemos a los que “nunca maduran emocionalmente” y necesitan vivir tras el peligro, las emociones fuertes,  lo dramático, lo alterado. Los que pretenden resolver problemas sexuales, los que buscan “probarse a si mismos” que aún pueden conquistar pese al advenimiento de la vejez.
Si repasamos el artículo, veremos que hay una extensa lista de justificaciones, explicaciones o excusas; para “romper acuerdos”, “violar la confianza depositada en nosotros”, “despedazar la palabra empeñada.”
Algunos hombres de ciencia han propagado la idea de que el hombre -género- es infiel por naturaleza; y yo, mujer de letras, propongo que la mujer –género- lo es por cultura. Por la cultura de la venganza, la revancha o el despecho. Y por favor no me mal interpreten, muchas mujeres también son infieles “¡porque sí!” y “¿por qué no?”, pero otras tantísimas lo hacen desde el resentimiento o rencor.
Antropólogo sexuales que durante años estudiaron abejas, aves y seres humanos, llegaron a la conclusión que vivir con una sola pareja de por vida es INSÓLITO Y ANTINATURAL.
La fidelidad es una cuestión SOCIAL cómo la mayoría de las situaciones que vivimos. En contextos sociales/culturales dónde se predica la monogamia, quien se sale del cesto es la manzana podrida; claro que públicamente, de forma solapada, la doble moral “livin’ la vida loca”.
Helen Fisher –antropóloga sexual- sostiene que “en algunas especies de aves y cisnes la pareja debe permanecer junta para el cuidado de las crías que tardan en independizarse. El 97% de los mamíferos no siguen juntos; sólo la especie humana debe cohabitar por razones paternales. La vigencia monogámica se mantiene por creencias culturales que ven en la separación una desgracia.”
¿Cultural? ¿Antinatural? ¿Impuesta por la religión? ¿Realidad o ficción? El origen no tiene importancia cuando la persona que amas te engaña; el dolor de la traición no busca la explicación del génesis para reparar el daño.
Lo que sí creo que al inicio de una relación es importante establecer la idea de la Fidelidad como un acuerdo de partes, y no como un hecho irrefutable. Plantear qué implica la fidelidad para cada uno y para la pareja; algunos hablarán de exclusividad emocional y libertad sexual; otros de exclusividad emocional y sexual, otras de libertad en todos los sentidos. Todo es válido, pero es mejor cuando es pactado en forma clara y concreta; no dejado al descuido, como un tácito coincidir.
Si convenimos en la idea de la única pareja con todos los derechos de exclusividad; habremos dado un gran paso para nuestro crecimiento personal. Pues sabremos que seremos fieles por elección y no porque “no hay de otra”; y cada día elegiremos estar con él o con ella; aún a sabiendas de que habrá otros más admirables, bellos, simpáticos y listos. Y que de toda la gama de posibilidades, cada día nos volvemos a elegir mutuamente.